Paisajes cercanos de nuestro ayer
encendidos de otoño
donde late el ritmo eterno del presente.
Intensos recuerdos donde surgen
días de acequia y huerta, tardes de era
y alboradas sobre el mar de los trigales.
Sonoros carros de madrugada
cargados de vendimiadores,
alegres carros del mediodía
con el jolgorio de los chiguitos
y carros pesados, volviendo,
ebrios de tarde,
gozosos hacia las bodegas.
Paisajes ocultos ya a los ojos de nuestros hijos
que, entre el fragor y la prisa, crecen
de espaldas a esa tierra que nos colma y nos da
vida que es.
Caminamos en los cuatro puntos cardinales
y hay algo nuestro en cada encrucijada,
pero cuando traemos la niñez a la mirada
sabemos siempre
que el tiempo, vivo como un ascua,
nos aleja del paisaje que ayer contemplamos.
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