Salidas de emergencia, luz artificial,
tarde y noche iluminada, sol oculto.
Se vende dignidad,
compras envidia.
Se vende poder de uso exclusivo
y compras una silla
donde sentar tus posaderas.
Necesidad de tener para sentir.
Vacíos con aérea arquitectura,
llenos de fama y embriagados
por la flor del metal
que crece en jardines tapiados.
Flores secas para el ataúd
donde se entierran los sueños.
Largo es el surco de tiempo
donde el hombre plantó su semilla.
y creció la mentira.
Eslabones de una cadena
atada al principio,
cuando la verdad del hombre
era su pura existencia.
Por eso hablo hoy,
en medio de la vida.
Desnuda la piel de trajes y oropeles.
A los cuatro vientos.
Desnuda la lengua de miedos y de sombras,
diciendo en las cuatro esquinas,
al pie de los caminos,
en los campos.
Con el silencio solo.
Con el estigma de los marcados
por el hierro voraz de la insatisfacción
ante tanta ignorancia,
y tanto dolor gratuito.
Nuestro humano ser llora,
apenas ya audible su lamento
entre tantos timbales sonoros.
Hay gentes vagando en soledades,
teleabsortos, llenos de duda y despecho.
Espectáculos políticos
aplaudidos o aceptados con vergüenza.
Por no ser más que lo que somos.
Conejillos en laboratorios multinacionales,
códigos de banda magnética.
Corazones amedrentados
por la fuerza voraz del tiempo,
el peso aplastante del destino.
Eso somos, y mucho más. Aún.
Toros de noche negra,
sangre arrebolada.
Enigmas de piedra lunar.
Bajan lágrimas por los surcos
y la fuerza del torrente crece,
mueve la pala que bate el grano
Y la desdicha se hace pan.
Tú, atávico ser, fantasma de aquel cerebro
crecido en las cavernas del calor animal,
En la obscura ignorancia de su cosmos pequeño
poblado por dioses.
Constructor, hoy, de ciudades y de barcos,
piloto de vuelos galácticos,
díme
qué semilla plantas
para que la vida permanezca
y renazca después del invierno.
¿O eres insensible al llanto
y tu servidumbre está al servicio del tirano?
El reino humano era tierra
que bebía del agua de los ríos;
crecen ahora mutantes de cemento
con olor a cloro y chanel,
telepáticos ejecutores
a las órdenes del último Mesías
que libera el ansia de los vivos
y redime los muertos con sangre
vertida en altares de arena.
Es necesario hundir la raíz en tierra.
Y mantenerse vivo.
Porque la paz,
como el furor y la ira en los desguaces
crece en los límites verdes
de los cultivos y las huertas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario