domingo, 6 de noviembre de 2011

SOBRE EL VIAJE

Esta manía de contar y pensar en alto, dejando  conflictos y errores  descarnados sobre la mesa y el tiempo, es posible que para muchas personas sea una insensatez, pero hay cosas que no tienen remedio, y siempre encuentras un interlocutor silencioso que te ayuda a entender un poco más, a aceptar la historia o a creer en el destino. Te engancha.
Poesía es  emoción, sentimiento, humanidad a veces radiante, anodina otras, atada a desvelos temporales.
No es tiempo de jugar con las palabras, es tiempo de comunicar, de decir, de ser. 


 
Vivimos en un mundo sembrado de miedo, atenazado por la codicia, amenazado por recortes en los derechos fundamentales.
  La falta de solidaridad nos hace débiles,  solos y  aislados en  nuestra pequeñez como ciudadanos.
Hace tiempo que tengo una visión de hombres con  futuro,  que sienten el porvenir como algo por hacer, como una certeza,  un encadenamiento de opciones de vida, que se cumplen y se abren a otras. Hombres que se  echan a andar, de espaldas a  la corriente del pánico.
Lo que pase mañana, lo decidimos hoy. Y todo empieza por mirar con quienes vas. Quienes son tus compañeros de ruta.




viernes, 4 de noviembre de 2011

NOVIEMBRE




Ya ha entrado  noviembre y seguimos con un tiempo de verano tardío. La inestabilidad de este año en el mes de agosto ha dado paso a un otoño largo con días de  sol limpio que nos depara unos mediodías muy agradables.
La lluvia suave de ayer ayudó al nacimiento de las primeras setas. El prau de las ocas está salpicado de champiñones, y hemos visto un corro de macrolepiotas que abrirán entre  mañana y pasado. Hemos cogido unos cestos de nueces, manzanas, castañas y la parte de cosecha del kiwi a la que alcanzaban las gallinas.
Ayer encontramos en el camino del  molino, ya casi en el puente  de madera que cruza el Viacaba un corzo muerto por la herida de un disparo. Posiblemente escapó a morir lejos de la partida de caza que le alcanzó. El bosque  es un lugar inhóspito  y  difícil  para gente  no avezada.  Solo  las escopetas dan alcance a estos animales. Aunque  hay demasiadas.
Hoy Runa, paseando por el valle, salió corriendo detrás de uno, con cornamenta ya, que comía plácido tras unos matos. Con una carrera elegante enseñando su grupa blanca  a través de los praos  de la ribera buscó la forma de pasar al otro lado del río y se perdió en la floresta.   


Ayer fue un zorro el que escapó a la carrera. Esta joven Runa es ágil y fuerte y está  cubriendo  bien  la defensa de un territorio muy amplio. Cada día está más integrada y no es agresiva, aunque sigue siendo un poco tímida con las gentes que vienen de visita, a ver los talleres o descansar en  los apartamentos.
Hoy, es día de suaves aguaceros y sol huidizo, muy bueno para las setas y el verde de los praos.
Hay aún  bastante hoja y estamos  ya  en  la mitad del otoño…






jueves, 3 de noviembre de 2011

CANELA




El día de Santiago hacía once años que la pusimos nombre. El color de su pelo se hizo señal de identidad, y desde aquel momento vivió entre nosotros como uno más. La llamábamos Canela.
Incansable en el juego, te dejaba la pelota a los pies y se retiraba marcha atrás, taimada, concentrada en tus movimientos. Era difícil engañarla, tampoco aceptaba de buen grado las retiradas. El juego era su motivo, y, a veces había que enfadarse con ella para que dejara sentarse a los invitados. Todos los que poco o mucho pasaban por Villanueva eran sus amigos. Todos conocían su extraordinario carácter y fomentaban sus inclinaciones de buen grado, aún conociendo las limitaciones de una vejez que ha ido  sufriendo, a nuestras espaldas sin una queja.
Su estado de libertad entre las casas del vecindario, no la impedía sin embargo ladrar cuando alguien se acercaba con la intención de llegar a nuestra puerta. Nunca pusimos timbre.
Hoy, Runa asumirá su papel, tomará posesión de la caseta con otro nombre y pasará a darnos su compañía, pero el día será distinto, Canela ya dejó de escribir su legado en nuestra memoria y vivirá en nosotros como una parte más del recuerdo,  como una presencia más de la vida en nuestro entorno. Como algo querido.
El vivo  dolor de la ausencia  me trae su presencia in memorian.

 


           






UN PASEO A LA ERMITA



Ha dejado de llover. La tarde ha sido soleada y fresca. Hemos querido ver las avutardas que el otro día  sorprendimos cerca  de Arconada, pero no se han dejado ver. Es lo que tienen estos animales en peligro de extinción, hay tan pocos que casi nunca se ven.
La luz del  otoño en el aire limpio, después de estos días de aguaceros, acercaba el paisaje de tal manera que te hacía sentir dentro de él.
Hemos paseado por la ribera del río. Comienzan ya  los árboles a  cambiar la tintada de sus hojas y algunos ya encanecen.
Hemos andado cogiendo bayas de escaramujo (me acordé de Luis María y su consejo de llevar guantes) y  majuelo, y casi nos coge la noche de tan entretenidos como estábamos. Un cielo de malvas sobre un horizonte de nubes lejanas, y los  últimos rayos  sobre la cúpula de la ermita del río nos han ido despidiendo al paso.
Cuatro peregrinos a la vista cansados, dejaban la alameda y se acercaban al pueblo buscando albergue. Iban demasiado cargados para poder andar ligeros, demasiado equipaje.
Hay que sentirse motivados para emprender un viaje así, pensé.
Charo me tomó del brazo. Hay viajes que nunca terminan, no hay tiempo suficiente en una vida para llegar a conocerse.
Solo el vuelo del que ama se puede acercar  al conocimiento. Y eso, es un don, no siempre se da.











miércoles, 2 de noviembre de 2011

VILLASIRGA EN SILENCIO

La ventana de la gloria está  aún por sellar.  La  quietud de la casa a  orillas del trabajo me invita a su seno, a dejar testimonio, una vez más.
Pasan   unos peregrinos.  Vienen desde Villovieco  por la orilla frondosa del Ucieza,   los cristales antiguos rebelan su paso con un ligero temblor, perceptible en el silencio. Un reloj marca el mediodía.




Ya entra el otoño. Es tiempo de preparar leña y ordenarla bajo el cobijo.
Una vez  retejada, la casa no tiene necesidades: las grietas en el yeso de las paredes, la falta de pintura, las puertas que no cierran, los cables colgando, los adobes deteriorados en el corral. Se puede convivir con ello,  un tiempo al menos.  Las necesidades importantes son las nuestras, nuestra falta de fortaleza ante la inclemencia del invierno, nuestra costumbre de dotar de una  estética propia el entorno donde se vive, hasta nuestras manías mas tontas necesitan de atención y trabajo para quedar satisfechas. Es necesario que los quehaceres cotidianos nos den alguna tregua, nos dejen vivir y nos permitan sentir el tiempo que pasa.
 A veces, nos hemos embarcado en gigantescas empresas de humo  que mas tarde,  anegados por sus vicisitudes, hemos visto volatizarse. Es hora ya  de retomar la experiencia como la única inversión  válida, el   conocimiento como único camino, la búsqueda de serenidad  como la meta más valiosa.